Si los diamantes son el mejor amigo de una mujer, como señala el popular refrán, los abrigos de piel son lo más cerca que un objeto puede llegar a estar de convertirse en su amor eterno. Hay muchas mujeres que en algún momento de su vida han sentido atracción por estas prendas de abrigo, no sólo por la comodidad y confort que presentan, sino también por la exclusividad, la sobriedad y la elegancia que -dicen- les transmiten.
Los abrigos de piel son, ciertamente, un lujo en términos de precio, por lo que las personas que los usan, hacen demostración de su poder adquisitivo, exactamente igual a si se llevara una costosa joya encima. La razón del coste alto de estos abrigos, que normalmente se hacen con piel de visón, armiño, zorro, conejo, marta, fundamentalmente, no es otra que el proceso de cría de dichos animales, el hecho de que hacen falta las pieles de varios de ellos para confeccionar un sólo abrigo, y porque el proceso de fabricación propiamente dicho es complicado. Eso sí, los abrigos de piel son para toda la vida, siempre que se conserven adecuadamente.
No obstante el sector de moda de los abrigos de piel continua teniendo sus detractores, entre ellos la cruzada más encarnizada la tienen los grupos ecologistas o asociaciones en defensa de los derechos de los animales, que mantienen una campaña fortísima en contra de estos abrigos, no sólo mediante avisos publicitarios, sino incluso a través de actos que pueden catalogarse de ilegales, como asaltar en la noche granjas de visones, por ejemplo, y liberarlos, o arrojar tinte sobre las modelos en desfiles de moda. Esto ha provocado que la industria desarrolle fibras de imitación de abrigos de piel, algunas bastantes reales, o que otras empresas se especialicen en utilizar pieles de animales que han muerto de forma natural, con garantía de respeto absoluto por las especies.
