La bufanda como prenda de abrigo independiente
En invierno, por más grueso que sea nuestro abrigo, siempre es recomendable agregar a nuestros atuendo una buena y calurosa bufanda. Esto protege sobre todo la garganta, y evita que suframos de afecciones como gripe o laringitis. Adicionalmente, desde el punto de vista estético constituye un elemento muy decorativo. Llevar junto con un abrigo gris o negro, una bufanda unicolor roja, por ejemplo, marca un contraste llamativo, y da vida a una vestimenta que de lo contrario pareceria algo sosa. Si deseamos ser más atrevidos pues basta con que usemos entonces una bufanda multicolor. En estos casos, mientas más gruesa y frondosa sea la bufanda, pues mejor.
A medida que la temperatura sube y nos adentramos en la primavera, cambiamos nuestros abrigos pero no abandonamos la bufanda, que se convierte en una pieza más ligera, ya no necesariamente de gruesa lana, sino de materiales más ligeros.
Pero es al final de la primavera y comienzos de verano, incluso ya en la plenitud de esta estación, en las noches en las que al entrar en un local cerrado, con aire acondicionado, podemos resfriarnos si no llevamos algo de abrigo, cuando la bufanda hace su aparición como una prenda independiente, como un abrigo en sí misma. Por supuesto, en estos casos no llevamos gruesas bufandas de lana, sino delgadas tiras de materiales mucho más frescos, como la seda, por ejemplo.
La bufanda de verano, por así llamarla, es una prenda que queda bien tanto en las mujeres como en los hombres, como apreciamos en la foto que encabeza este post, y tiene la ventaja adicional de que si nos llega a molestar, porque el calor haya subido mucho, podemos sencillamente guardarla en el bolso o, incluso, en el bolsillo.

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